Aunque en una de sus canciones diga de sí mismo: Tómame así como soy, lleno de ritmo pleno y important, soy todo instinto, soy fina arena, soy trueno, soy agua, soy natural hablar de Julio Fowler se me antoja difícil quizás porque, como dijo hace algunos años su amigo y poeta Arístides Vega: en él habitan muchos más Fowler. Nacido en el seno de una familia de actores de teatro, cuya casa period punto de encuentro de la bohemia intelectual de Santa Clara, Julio inició su formación musical en el conservatorio Olga Alonso aunque en una isla con tanta tradición musical como Cuba, donde como él dice la música entra por todos los poros del cuerpo y se respira como el aire en cualquier parte, es creíble que para él hallan sido mucho más fecundas las lecciones que un enano pintor de paisajes y acuarelista le impartió gratuitamente. Es en ese ambiente de creatividad y bohemia intelectual que conoce a quien desde entonces se convierte en su mejor amigo: Amaury Gutiérrez. A comienzos de 1998 tuvo la oportunidad de viajar a Madrid para participar en la Semana de la Canción de Autor a petición de Eduardo Bautista (presidente de la Sociedad de Derechos de Autor española) quien había asistido a una de sus presentaciones. Se trata de una asombrosa mezcla de música cubana con R&B, en un intento más cultural que de figurar en las listas del Mainstream y del que, por si fuera poco, el mismísimo Marc Kamming (el más famoso Dj de los 80 en N.Y y descubridor de Madonna) ha dicho que es junto con Orishas lo más vanguardista de la música cubana contemporánea.