A lo que otro periodista añadió: Julio se nos presenta como un artista auténticamente versátil. Sin embargo yo comenzaría diciendo primero que se trata de un creador atrevido e irreverente, con una curiosidad intelectual y una sensibilidad que no parecen tener límites y que lo han llevado a viajar por casi toda la geografía del arte. Desde que lo conozco lo he visto desenvolverse con acierto como actor, profesor y director de teatro, como poeta, como promotor cultural y sobre todo como músico campo en el que más continuidad ha tenido y en el que nadie podrá negar que es uno de los cantautores más inquietantes e interesantes de las ultimas promociones de músicos cubanos y posiblemente uno de los pocos que ha logrado acertar con las influencias anglo-afro-norteamericanas, creando con su primer disco esa seductora y poderosa mezcla que él outline como Son con Groove. Según cuenta: aquellos eran los primeros síntomas de rebeldía de una generación que comenzaba a sentirse molesta con los fetiches soviéticos y también una forma de estar a la moda. Es en ese ambiente de creatividad y bohemia intelectual que conoce a quien desde entonces se convierte en su mejor amigo: Amaury Gutiérrez. Junto a él no solo realiza sus primeros conciertos y giras por el país como cantautor e inicia esa aventura de sincretismo de lo cubano con el Jazz y el Pop sino que, organiza varios festivales de la trova que intentaron promover lo más underground y emergente del movimiento estancado en sus íconos oficiales, poniendo en práctica iniciativas culturales alternativas como aquella controvertida y polémica Invasión de jóvenes Creadores.